NAFLD Y EJERCICIO

26 septiembre, 2018 0 Por Omar Fernández de la Calle

 

El hígado graso se caracteriza por la acumulación de lípidos, principalmente triglicéridos, en las células hepáticas, considerándose un signo precursor de ciertas enfermedades hepáticas, como pueden ser el hígado graso alcohólico, la hepatitis C, y el hígado graso no alcohólico (non-alcoholic fatty liver disease o NAFLD), entre otros.

Estas condiciones patológicas, incluyen obesidad central, diabetes tipo 2, dislipidemia, hipertensión, etc, además de relacionarse con ciertos factores relacionados con el estilo de vida, como pueden ser el sedentarismo y las dietas altas en grasa, las cuales pueden aumentar el riesgo de desarrollar NAFLD.

En cuanto a los mecanismos fisiológicos, la NAFLD se caracteriza por la activación de factores de transcripción lipogénicos y la inhibición de factores lipolíticos.

Pasemos al experimento:

Supongamos que alimentamos a un grupo de ratones con una dieta alta en grasas, y a otros con una dieta normal, ambos con estilo de vida sedentario, con el propósito de inducir obesidad.

Al cabo de 16 semanas hacemos varias intervenciones de actividad física, donde generamos un grupo con dieta alta en grasa sin ejercicio, dieta alta en grasa + ejercicio (30-60 minutos), vuelta a dieta normal, y vuelta a dieta normal + ejercicio (30-60 minutos). Con la dieta alta en grasas conseguimos no solo inducir obesidad, sino también esta patología descrita antes, conocida como hígado graso no alcohólico, lo cual genera una inhibición o descenso de factores lipolíticos, como por ejemplo AMPK y CPT-1 (carnitin palmitoil transferasa), y el incremento de factores lipogénicos como CB1 (receptor endocanabinoide) y FAS. Esto lleva a una mayor síntesis de novo de grasa y mayor acumulación, incrementando la posibilidad de transporte e infiltración de grasa en órganos como el hígado, descenso de la oxidación (causa de miticondrias disfuncionales) y descenso del transporte de triglicéridos desde el hígado a otros tejidos, generando así un círculo vicioso.

Sabemos que el ejercicio + cambio de dieta es capaz de invertir este proceso, observando que era necesaria una reducción del peso de entre 3 y 6%. El ejercicio moderado entre 30-60 minutos + dieta era suficiente y efectivo. La aplicación de dieta solamente, fue suficiente para reducir el peso corporal, pero el ejercicio solamente no (sin presencia de dieta hipocalórica). Lo que si se vio es que el ejercicio era capaz de fomentar el incremento de factores lipolíticos e inhibir los lipogénicos, mejorando el proceso de la enfermedad (sobre todo gracias a la inhibición de CB1).

Por tanto, el ejercicio solamente aplicado sin dieta de ningún tipo, es capaz de disminuir ciertos marcadores de hígado graso no alcohólico, a la vez que mejora la tolerancia a la glucosa, sin ningún tipo de reducción en el peso corporal, pero pudiendo mejorar el contenido de triglicéridos hepáticos (los reduce) y el peso del hígado (lo reduce) comparado con la dieta alta en grasa sin ejercicio.

En conclusión, a pesar de no haber mejoras en la composición corporal, mediante la aplicación de ejercicio sin dieta podemos observar mejoras en los marcadores de salud hepática.

¿Y qué tipo de ejercicio?

En determinadas poblaciones, hay veces que vale más moverse que buscar rangos de intensidades y volumenes efectivos.